Un feminista habla

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Carlos y su hijo Rodrigo 

Carlos Eduardo Castro y su esposa han sido empresarios desde el año de 1985. Este líder boyacense, Rotario, esposo y padre de dos hijos, con una visión clara sobre la inclusión de las mujeres en todos los ámbitos sociales se autodenomina “hombre feminista”.

Carlos es uno de los co-organizadores del Primer Seminario Internacional para la prevención e intervención de la violencia contra las Mujeres, y el equipo de MujeresconDerechos.org lo entrevistó y le preguntó su opinión sobre el fenómeno social de la violencia contra las  mujeres.

MCD: Qué opina sobre los casos de violencia contra la mujer que se han visto en los últimos meses en Colombia?

Carlos: Estamos frente a un problema muy viejo, lo nuevo es la atención que le estamos dando y las nuevas iniciativas como MujeresconDerechos.org que vienen a proponer soluciones diferentes a través de la educación no sólo de mujeres pero también de hombres sobre el problema.  

MCD: Qué se puede hacer en un país como Colombia para que mujeres y hombres  sean concientes de esta problemática y sobretodo propongan soluciones ?

Carlos: Yo soy economista de la Universidad Nacional, y una de las ideas más importantes que aprendí en mi carrera y que he venido corroborando en mi vida empresarial es la siguiente : por más graves o grandes que se vean los problemas en nuestro país, uno siempre puede entenderlos y proponer soluciones si piensa en la “analogía de la casa”. Imagine que Colombia es una gran casa donde hay papá, mamá, una abuelita y muchos hijos. El Gobierno es el papá, la mamá el Senado y la abuelita la Justicia. Hay hermanos buenos y hay hermanos equivocados.

El problema es que el papá, la mamá y la abuelita no trabajen coordinadamente para controlar y corregir a los hijos equivocados que se portan mal. Los buenos hijos son muchos más, pero el desafío es que los hijos equivocados hacen mucho desorden y mucho ruido. Si los papás y la abuelita no hacen bien su trabajo de dirección, soporte y guía del hogar, llega a un punto el desorden en que todos empezamos a vivir mal, nos acostumbramos a eso y pensamos que nadie tiene ni derechos ni responsabilidades en la casa. Aquí los hijos buenos tienen la responsabilidad de ordenarse, pensar diferente y educar a través del ejemplo a los otros hermanos.

Saltando de la analogía a la realidad que vivimos, esto significa que todos, mujeres y hombres, tenemos la responsabilidad de cambiar, limpiar el desorden y buscar soluciones para que todos vivamos bien allí, entendiendo que los derechos son respaldados por el cumpliento de los deberes y las responsabilidades de ser buenos ciudadanos y buscar la paz a través de todo lo que hacemos, y aquí es fundamental apoyar movimientos que cuestionan la violencia contra las mujeres. Si “no limpiamos la basura”, llega a un punto tan tóxico, que nadie puede ni quiere vivir en la casa. Pero esta tarea no sólo es responsabilidad de los papás o de dos o tres hermanos únicamente. Esto es tarea de todos y todas.

MCD: Usted creció en una cultura donde el maltrato hacia las mujeres era algo incuestionable y donde las mujeres tenían muy poca libertad de decisión sobre lo que podían y debían hacer. Lamentablemente, éste fenómeno persiste en su región en muchos ámbitos sociales y a todos los niveles, entonces qué le diría como hombre a una mujer que es víctima de violencia por parte de su esposo/compañero sentimental ?

Carlos: Yo volvería sobre mi analogía de la casa y le aconsejaría a esa mujer que la utilice para examinar la situación por la que está atravesando. Todos los procesos generan desgaste y desperdicios, pero cuando uno no limpia los desperdicios, empieza a ver basura por todo lado y es imposible vivir en una “casa” donde hay mucha “basura emocional”.

Si no hay respeto y amor de esa mujer hacia ella misma, y de su marido/compañero hacia ella -las dos condiciones son fundamentales- se hace imposible la convivencia y ahí es cuando los problemas graves sólo reproducen más problemas graves.

La sociedad y nuestras familias nos educan con creencias que son imposiciones culturales o intelectuales basadas en el miedo. Que un hombre se sienta con el derecho de golpear a una mujer -llámese su esposa, su hija, su hermana, etc- es una creencia basada en el miedo, y el miedo a que el hombre pierda su autoridad o lo que erróneamente hemos entendido como su “masculinidad”.

Las ideas de que los hombres son los machos que tienen poder absoluto para dictar que deben hacer las mujeres, y que tienen el derecho a agredir para “hacerse respetar”, están basadas en la inseguridad. Hay hombres que tratan de cubrir un océano de inseguridad personal a través de la fuerza bruta porque son incapaces de debatir lógicamente sus ideas, de expresar asertivamente sus emociones y de romper sus propias historias como víctimas de la violencia que les propiciaron sus propios padres cuando eran niños.

La violencia se genera por la incapacidad para escuchar, dialogar y debatir. Pensamos erróneamente que los problemas se resuelven a la fuerza pero en verdad escondemos lo débiles que somos.

Las mujeres y los hombres hoy debemos entender que podemos elegir en qué pensar y tenemos el derecho a pensar y actuar diferente. No porque nacimos y crecimos en un ambiente violento, debemos repetir el mismo patrón. Hay que detenerse, pensar y entender  que los hijos aprenden a través del ejemplo, entonces es nuestra responsabilidad heredar a la siguiente generación una nueva forma de pensar donde el amor hacia sí mismos -la autoestima- es la materia fundamental para construir una familia, y las familias donde hay amor y respeto son la base de una sociedad diferente que se basa en el respeto a los derechos pero también en la atención a los deberes y en las responsabilidades que todos deberíamos tener.

Walk A Mile In Her Shoes

En varias ciudades de los Estados Unidos, el Marzo 8 se celebra con la caminata de “Una milla en sus zapatos” auspiciada por la Oficina de Igualdad e Inclusión donde los hombres marchan en tacones rechazando la violencia contra las mujeres.

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